lunes, 2 de abril de 2018

¡Ya trina el ruiseñor!… ¡Ya canta el gallo!… (Pausa)

En escena está únicamente DON MENDO, recostado sobre un mal camastro. No hay más muebles que el susodicho camastro y un par de taburetes toscos.
MENDO.— (Incorporándose, restregándose los ojos y mirando a la claraboya) Ya amanece. Por esa claraboya
las luces del crepúsculo atalayo:
pronto entrará del sol el puro rayo
que a las sombras arrolla
y en bienestar convierte mi desmayo… (Por la claraboya entra triunfante un rayo de sol)
¡Ya el rayo destella!…
¡Ya mi prisión se enjoya de luz bella!…
¡Ya soy dueño de mí!… ¡Ya bien me hallo!… (Canta un gallo dentro, lejos)
¡Ya trina el ruiseñor!… ¡Ya canta el gallo!… (Pausa)
¡Trece de mayo ya!… ¡Quién lo diría!
Llevo en esta prisión un mes y un día,
sin por nadie saber lo que acontece… (Estremeciéndose)
¡Y hoy martes, gran Dios!… ¡Martes y trece!…
¿Por qué el terror invade el alma mía?
¿Por qué me inspira un miedo extraordinario
esa cifra, ¡ay de mí!, del calendario? (Como loco)
¡Ah, no, cifra fatal!… No humillaréis
el valor de don Mendo; no podréis;
todos iguales para mí seréis…
¡Trece, catorce, quince y dieciséis! (Pausa)
¿Moriré sin venganza? ¡Cielos! ¡Nunca!
Ha de morir la que mi vida trunca
y morirá a mis manos… Mas, ¿qué exclamo?
¿Cómo podré matalla si aún la amo?
Acaso por salvarse aquella noche
aceptó del de Toro sin reproche
el amor y la fe y el galanteo…
Mas aquel «Pero mío», aquel sobeo
delante de mi faz, estuvo feo;
porque él llegó a palpalla,
que yo lo vi con estos ojos, ¡ay!
y ella debió oponerse, ¡qué caray!,
al ver lo que yo hacía por salvalla. (Escuchando hacia la derecha)
Oigo pasos. ¿Acaso
es Magdalena que en amor se abrasa
o el carcelero vil, que con retraso
tráeme el bollo de pan que él mismo amasa?… (Viendo que la puerta se abre y que aparece en el umbral Clodulfo, viejo mal encarado y cetrino, que trae un gran pan y un cántaro)
Es el vil carcelero.
CLODULFO.— ¿Paso?
MENDO.— (Desalentado) Pasa. (Clodulfo deja en escena el pan y el cántaro y se dispone a hacer el mutis)
¿Hoy también, viejo Clodulfo,
habrás de guardar silencio?
¿Hoy tampoco mis preguntas
habrán en tus labios eco?
¿Cuándo saldré de esta torre?
¿Pronto o tarde? ¿Vivo o muerto?
¿No sabré tampoco hoy
lo que con ansias espero?

Pedro Muñoz Seca
La venganza de don Mendo
Caricatura de tragedia en cuatro jornadas

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