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domingo, 27 de mayo de 2018

Ya que me tomaba por un tonto, resolví seguirle la corriente.

Al caer la tarde, pude cruzar el camino sin tropiezos.
Mi propósito inicial había sido seguir viaje hasta el amanecer, pero el viento fuerte y glacial debilitó en buena parte mi resolución. Atravesé también la ruta septentrional que va de Cork a Limerick, en un punto equidistante de Mallow y Buttevant. A un kilómetro al oeste de Doneraile, aproximadamente, me hallé en una zona boscosa. Protegido parcialmente del viento, sentí la tentación de quedarme a pernoctar allí, pues eran casi las tres de una hórrida madrugada veraniega. En un hueco bien protegido por los árboles encendí la fogata más grande que me atreví a formar. Más allá del resplandor del fuego, solo había tinieblas absolutas. Tal vez la policía o algún granjero curioso, o el demonio en persona estuviesen allí afuera, preparándose para echarme la zarpa. El viento ululaba en la fronda con gritos de alma condenada, y me asaltaba con creciente fuerza el recuerdo de que, dos noches atrás, yo había dado muerte a tres hombres.
Al llegar la aurora, la lluvia arreció una vez más. En ayunas emprendí la marcha hacia el norte, rumbo a las colinas de Ballyhoura. Avanzaba a paso más bien lento, dificultosamente, entre las ciénagas. Pasado ya el mediodía llegué al laberinto de angostas sendas situado al sur de Kilmallock. Sucediera lo que sucediere, estaba resuelto a pedir albergue en alguna granja próxima al camino.
Tiempo atrás, yo había decidido que la mejor manera de viajar por Irlanda era hacerlo disfrazado de buhonero. Ahora lo parecía: empapado, sucio, salpicado de barro, hirsuto y desgreñado. Ahora, el aguacero se había vuelto en mi favor, pues disimulaba en alguna manera mi lamentable aspecto.
Serían cerca de las tres cuando llegué a un lugar apropiado, cerca de una encrucijada.
—¡Ah! —exclamó la granjera—, parece que viene usted rodando por el barro desde Kilfinnane.
—Mi coche sufrió una avería en Ballyhoura. Traté de arreglarlo y me ensucié bastante, como usted ve.
Me llevó a un pequeño dormitorio. La lluvia repiqueteaba incesantemente en los cristales de la ventana.
—¿No tiene algo que ponerse mientras se secan sus ropas?
—He viajado toda la noche, y estoy fatigadísimo. De modo que me vendrá muy bien un descanso hasta la hora de la cena. ¿Cree usted que para entonces se habrá secado mi ropa?
—¡Por todos los santos! Solo por milagro ustedes, los jóvenes, se salvan de las calamidades. Dentro de unos minutos le mandaré a Paddy, para que busque sus cosas.
Ya que me tomaba por un tonto, resolví seguirle la corriente.
—Cuando salí de Dublín, me olvidé

Fred Hoyle & Geoffrey Hoyle
El enigma de Ossian


Los diversos gobiernos del mundo se muestran alarmados y desconcertados ante el insólito crecimiento tecnológico e industrial que la Corporación Industrial del Eire, la CIE, está consiguiendo en el sur de Irlanda, en la zona de Kerry, lugar donde según la leyenda el bardo Ossian habría hecho su famosa cabalgada. La CIE domina completamente la política y la sociedad irlandesa, y ha impuesto un gobierno de corte autoritario. Existe el temor de que ese dominio podría extenderse a todo el mundo de la mano de la enorme superioridad tecnológica de la Corporación. Todas las tentativas de infiltrarse en la CIE para descubrir las razones de su inusual desarrollo han fracasado. Thomas Sherwood, un joven matemático recién licenciado, es enviado a investigar.

sábado, 26 de mayo de 2018

Salmo 110

1 Palabra del Señor a mi señor: «Siéntate a mi derecha, hasta que yo ponga a tus enemigos por estrado de tus pies».
2 Desde Sión el Señor extenderá tu cetro real, para que domines a todos tus enemigos.
3 En el día de tu victoria tu ejército se te entregará por completo, sobre los montes santos. Al despertar la aurora, tu juventud se fortalecerá con el rocío.
4 El Señor lo ha prometido, y no va a cambiar de parecer: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec».
5 El Señor está a tu derecha. En el día de su ira, derrotará reyes,
6 dictará sentencia entre las naciones, y causará una gran mortandad al doblegar a los poderosos de otras naciones.
7 En el camino, beberás agua de un arroyo, y con eso recobrarás las fuerzas.
Dios cuida de su pueblo
Aleluya

Del libro de las Salmos
David y otros 

Biblia Reina-Valera Contemporánea

viernes, 25 de mayo de 2018

PERO CUANDO LLEGÓ LA 288.ª NOCHE

Ella dijo:
«… Si la rama se balancea, ¡qué armonioso no será el canto de los pájaros que en ella anidan!»
Entonces acabó de entrar el joven en la sala. Realmente, era lo más bello posible, é iba vestido con tres túnicas superpuestas y de distintos colores: la primera, completamente blanca; la segunda, roja; la tercera, negra.
Cuando Abu-Nowas le vió vestido de blanco, sintió crepitar en su espíritu el fuego de la inspiración, é improvisó estos versos en honor suyo:
¡Se mostró vestido con un lino de blancura lechosa, y sus ojos languidecían bajo sus párpados azules, y las rosas tiernas de sus mejillas bendecían á Quien hubo de crearlas!
Y le dije: «¿Por qué pasas sin mirarme, cuando consientes que caiga en tus manos como la víctima bajo el arma del sacrificador?»
Me contestó: «Déjate de discursos y mira en silencio la obra del Creador: blanco es mi cuerpo y blanca mi túnica; blanco es mi rostro y blanco mi destino; ¡es blanco sobre blanco, y blanco sobre blanco!»
Al oír el joven estos versos, sonrió y se despojó de su túnica blanca para aparecer todo de rojo. Á su vista, sintió Abu-Nowas poseerle por completo la emoción poética, y acto seguido improvisó estos otros versos:
¡Se mostró vestido con una túnica roja como su proceder cruel!
Y exclamé, sorprendido: «¿Cómo, siendo de una blancura lunar, puedes aparecer con esas dos mejillas que se dirían enrojecidas por la sangre de nuestros corazones, y vestido con una túnica robada á las anémonas?»
Me contestó: «La aurora me había prestado antes su vestidura; pero ahora es el mismo sol quien me hizo el regalo de sus llamas: de llama son mis ojos y rojo mi traje; de llama son mis labios y rojo el vino que los colorea; ¡es rojo sobre rojo, y rojo sobre rojo!»
Al oír estos versos, el pequeño arrojó con un gesto su túnica roja y apareció vestido con la túnica negra que llevaba directamente sobre la piel, y acusaba con precisión el talle ceñido por un cinturón de seda. Y Abu-Nowas, al verlo, llegó al límite de la exaltación, ó improvisó estos otros versos en honor suyo:
¡Se mostró vestido con una túnica negra como la noche, y no se dignó siquiera dirigirme una mirada! Y le dije: «¿No ves que mis enemigos y quienes me envidian se alegran del abandono en que me tienes?
»¡Ah! Ya lo comprendo: negras son tus vestiduras y negra tu cabellera; negros son tus ojos y negro mi destino; ¡es negro sobre negro, y negro sobre negro!»
Cuando el enviado del califa vió al joven y escuchó estos versos, disculpó de todo corazón á Abu-Nowas, y volvió al instante á palacio, donde puso al califa en autos acerca de la aventura acaecida á Abu-Nowas, y le explicó que el poeta habíase constituido en rehén en la taberna por no poder pagar la suma prometida al hermoso mancebo.
Entonces, el califa, divertido á la vez que irritado, entregó al eunuco la suma necesaria para el rescate del rehén, y le ordenó que fuese á sacarle de allí en seguida, para llevarle, de grado ó por fuerza, á su presencia.
Se apresuró el eunuco á ejecutar la orden, y no tardó en volver sosteniendo con dificultad al poeta, que se tambaleaba por haber bebido demasiado. Y el califa le apostrofó con una voz que trató de hacer furiosa; luego, al ver que Abu-Nowas se echaba á reír, se acercó á él, le cogió de la mano, y en su compañía se encaminó hacia el pabellón donde se encontraba la esclava.
Cuando Abu-Nowas vió sentada en la cama y vestida toda de raso azul, y con el rostro cubierto por un ligero velo de seda azul, á aquella joven de grandes ojos negros que le sonreían en la faz, le pasó la embriaguez, pero en cambio sintióse inflamado de entusiasmo, y de pronto improvisó esta estrofa en honor suyo:
¡Di á la bella del velo azul que la suplico se compadezca de alguien que arde en deseo de su hermosura! Dile: «¡Te conjuro por la blancura de tu linda tez, que no igualan ni la tierna rosa ni el jazmín, te conjuro por tu sonrisa, que hace palidecer las perlas y los rubíes, á que me dirijas una mirada en la cual no pueda yo leer la huella de las calumnias que acerca de mí inventaron quienes me envidian!»
Cuando hubo concluido su improvisación Abu-Nowas, la esclava; presentó una bandeja con bebidas al califa, quien, para divertirse, invitó al poeta á que se bebiese él solo todo el vino de la copa. Abu-Nowas accedió á ello gustoso, y no tardó en sentir de nuevo en su corazón los efectos del licor enervante. En aquel momento se le ocurrió al califa, levantarse súbito, á fin de asustar á Abu-Nowas, y espada en mano precipitóse sobre él como para cortarle la cabeza.
Al ver aquello, Abu-Nowas, aterrado, echó á correr por la sala dando grandes gritos; y el califa le perseguía por todos los rincones, pinchándole con la punta de la espada. Por último le dijo: «¡Ahora vuelve á tu sitio á beber otro trago todavía!» Y al mismo tiempo hizo una seña á la joven para que escondiese la copa, lo cual cumplió inmediatamente ella ocultándola con su vestido. Pero, á pesar de su embriaguez, lo advirtió Abu-Nowas, é improvisó esta estrofa:
¡Cuán extraña aventura es mi aventura! ¡Una cándida joven se transforma en ladrona y me arrebata la copa para esconderla bajo su traje, en cierto sitio donde querría verme escondido yo! ¡Se trata de un lugar que no nombro por respeto al califa!
Al oír estos versos, se echó á reír el califa, y dijo á Abu-Nowas en broma: «¡Por Alah! Desde ahora quiero designarte para un alto empleo. ¡En lo sucesivo serás titulado jefe de los alcahuetes de Bagdad!» Chanceándose, respondió al instante Abu-Nowas: «¡En ese caso, ¡oh Comendador de los Creyentes! me pongo á tus órdenes, rogándote me digas en seguida si necesitas de mis alcahueterías!»
Á estas palabras, montó el califa en una cólera terrible, y gritó al eunuco que llamase inmediatamente á Massrur el portaalfanje, ejecutor de su justicia. Y algunos instantes después llegó Massrur, y el califa le ordenó que despojase de su ropa á Abu-Nowas…
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Anónimo
El libro de las mil noches y una noche. Tomo VIII


jueves, 24 de mayo de 2018

así os saludan, señora, ... los pájaros como a Aurora, las trompetas como a Palas, y las flores como a Flora;

(ESCENA V)
(Sale por una parte Astolfo con acompañamiento de soldados, y por otra Estrella con damas. Suena música.)
 
ASTOLFO Bien al ver los excelentes
rayos, que fueron cometas,
mezclan salvas diferentes
las cajas y las trompetas,
los pájaros y las fuentes;
siendo con música igual,
y con maravilla suma,
a tu vista celestial,
unos, clarines de pluma,
y otras, aves de metal;
y así os saludan, señora,
como a su reina las balas,
los pájaros como a Aurora,
las trompetas como a Palas,
y las flores como a Flora;
porque sois, burlando el día
que ya la noche destierra,
Aurora en el alegría,
Flora en paz, Palas en guerra,
y reina en el alma mía.
ESTRELLA Si la voz se ha de medir
con las acciones humanas,
mal habéis hecho en decir
finezas tan cortesanas,
donde os pueda desmentir
todo ese marcial trofeo
con quien ya atrevida lucho;
pues no dicen, según creo,
las lisonjas que os escucho,
con los rigores que veo.
Y advertid que es baja acción,
que sólo a una fiera toca,
madre de engaño y traición,
el halagar con la boca
y matar con la intención.
ASTOLFO Muy mal informada estáis,
Estrella, pues que la fe
de mis finezas dudáis,
y os suplico que me oigáis
la causa, a ver si la sé.
Falleció Eustorgio tercero,
rey de Polonia, quedó
Basilio por heredero,
y dos hijas, de quien yo
y vos nacimos. No quiero
cansar con lo que no tiene
lugar aquí. Clorilene,
vuestra madre y mi señora,
que en mejor imperio agora
dosel de luceros tiene,
fue la mayor, de quien vos
sois hija. Fue la segunda,
madre y tía de los dos,
la gallarda Recisunda,
que guarde mil años Dios.
Casó en Moscovia, de quien
nací yo. Volver agora
al otro principio es bien.
Basilio, que ya, señora,
se rinde al común desdén
del tiempo, más inclinado
a los estudios que dado
a mujeres, enviudó
sin hijos; y vos y yo
aspiramos a este estado.
Vos alegáis que habéis sido
hija de hermana mayor;
yo, que varón he nacido,
y aunque de hermana menor,
os debo ser preferido.
Vuestra intención y la mía
a nuestro tío contamos.
Él respondió que quería
componernos, y aplazamos
este puesto y este día.
Con esta intención salí
de Moscovia y de su tierra;
con ésta llegué hasta aquí,
en vez de haceros yo guerra,
a que me la hagáis a mí.
¡Oh quiera Amor, sabio dios,
que el vulgo, astrólogo cierto,
hoy lo sea con los dos,
y que pare este concierto
en que seáis reina vos,
pero reina en mi albedrío,
dándoos, para más honor,
su corona nuestro tío,
sus triunfos vuestro valor,
y su imperio el amor mío!
ESTRELLA A tan cortés bizarría
menos mi pecho no muestra,
pues la imperial monarquía,
para sólo hacerla vuestra,
me holgara que fuese mía;
aunque no está satisfecho
mi amor de que sois ingrato
si en cuanto decís, sospecho
que os desmiente ese retrato
que está pendiente del pecho.
ASTOLFO Satisfaceros intento
con él… Mas lugar no da
tanto sonoro instrumento,
que avisa que sale ya
el Rey con su parlamento.

Pedro Calderón de la Barca
La vida es sueño
Penguin Clásicos



lunes, 7 de mayo de 2018

LOS mirlos que dormían en las higueras y cerezos de la huerta del tío Goro estallaron en un trino formidable al despuntar la aurora.

Demetria
LOS mirlos que dormían en las higueras y cerezos de la huerta del tío Goro estallaron en un trino formidable al despuntar la aurora. Demetria abrió los ojos y una sonrisa divina se esparció por su rostro. Se puso velozmente de rodillas sobre la cama y juntando las manos dijo su oración matinal. Ciñó luego con prisa las enaguas, se echó un pañolito sobre el pecho y abrió el corredor emparrado. La luz tibia y rosada del amanecer penetró en la estancia. La brisa fresca de la montaña coloreó las mejillas de la doncella. Desde aquel corredor emparrado se descubría más de la mitad del valle de Laviana. Allá abajo, en el ángulo que forma el Nalón con su pequeño confluente, Entralgo rodeado de pomaradas. Enfrente, del lado de allá del río, un grupo mayor de casas blancas: la capital. Río arriba los Barreros, Peña-Corvera; río abajo Iguanzo, Puente de Arco. Y derramados por las faldas de las colinas algunos pequeños caseríos sepultados entre bosquetes de castaños y avellanos. El gran río cristalino herido por los rayos de la aurora parecía una franja de plata. Los maizales que bordan sus orillas salían del sueño de la noche esperezándose blandamente al soplo de la brisa. El tenue, blanco vapor, que los cubría se perdía en la claridad del aire. Un rayo de sol vivo, refulgente, hirió la cabeza de la Peña-Mea tiñéndola de color naranja. Una nubecilla arrebolada, nadando por el cielo azul, vino á besarla y después de darle largo y prolongado beso siguió más alegre su marcha. Los pámpanos de la parra, sacudidos por la brisa, azotaron suavemente el rostro de Demetria. Un mirlo de corazón osado saltó de la higuera más próxima á la baranda del corredor, miró descaradamente á la niña ladeando repetidas veces la cabeza, tuvo manifiestas intenciones de dar un picotazo en sus mejillas pensando con razón que eran más frescas y más dulces que la cereza que acababa de comerse. ¡Pero Demetria le clavó una mirada tan severa! Su pequeño corazón se encogió de susto, y avergonzado volvió á ocultarse entre el follaje.
La luz crecía por momentos. Á los trinos aflautados de los mirlos respondía el grito estridente de los gallos. En el establo mugieron las vacas. Allá lejos, entre la espesura de las pomaradas, ladraron los perros guardianes. Las sombras corrían perseguidas por las faldas de los montes á guarecerse en el fondo oscuro de las cañadas. El ambiente adquiría una trasparencia radiosa. El paisaje se iba tiñendo lentamente de un verde claro sobre el cual se destacaban las masas oscuras de los castaños. De la montaña venía un aire vivo; el fresco aliento de los bosques que pasaba por las sienes de la niña refrescándolas. Del valle subía olor de heno recién segado, aroma de flores y frutas maduras.
De pronto un rayo de sol cayó sobre la punta más alta del cerezo plantado delante de la casa de la tía Basilisa; volteó un momento sobre las hojas y saltó á otra rama más baja dejando tras sí una estela de esmeralda. Otro salto más y se plantó en la higuera más próxima á la casa del tío Goro. Dentro de ella se agitó gozosamente como una llama feliz que aspira á curiosearlo todo. ¡Zas!, otro salto, y al alero del tejado. Después, con precauciones, solapadamente, descendió por el ramaje de la parra y oculto detrás de los pámpanos contempló algún tiempo el rostro peregrino de Demetria. ¡Es claro, le apeteció besarlo! Lo mismo le había pasado al mirlo. Pero más animoso que éste, después de corta vacilación, se dejó caer de golpe sobre lo que más le agradaba: sobre los ojos. Cerrólos la hermosa y sonrió de nuevo dejándose acariciar por él con suave condescendencia. Al cabo hizo un gracioso mohín de impaciencia y se retiró al interior.

Armando Palacio Valdés
La aldea perdida
Novela-poema de costumbres campesinas


martes, 1 de mayo de 2018

Con la receta para hacer «Soledades» en un día, y es probada

AGUJA DE NAVEGAR CULTOS
Con la receta para hacer «Soledades» en un día, y es probada. Con la ropería de viejo de anocheceres y amaneceres y la platería de las facciones para remendar romances desarrapados
Receta
Quien quisiere ser culto en solo un día,
la jeri (aprenderá) gonza siguiente:
fulgores, arrogar, joven, presiente,
candor, construye, métrica armonía;
poco, mucho, si no, purpuracía,
neutralidad, conculca, erige, mente,
pulsa, ostenta, librar, adolescente,
señas, traslada, pira, frustra, harpía;
cede, impide, cisuras, petulante,
palestra, liba, meta, argento, alterna,
si bien, disuelve, émulo, canoro.
Use mucho de líquido y de errante,
su poco de noturno y de caverna,
anden listos livor, adunco y poro;
que ya toda Castilla,
con sola esta cartilla,
se abrasa de poetas babilones
escribiendo sonetos confusiones
y en la Mancha, pastores y gañanes,
atestados de ajos las barrigas,
hacen ya cultedades como migas.

Ejemplo hermafrodito romancelatín

Yace cláusula de perlas
si no rima de clavel,
dinasta de la belleza
que ya cataclismo fue,
un tugurio de piropos,
ojeriza de Zalé,
poca porción que secresta
corusca favila al bien,
pórtico donde rubrica
al múrice tirio el ver
tutelar padrón del alma,
aura genitiva en él.

Y después que el aprendiz de culto se ha dado por vencido y dicho que es la piedra filosofal, o el fénix, o la aurora, o el pelícano, o la carantamaula, es un romance a la boca de una mujer en toda cultedad.
Esto es más fácil que pedir prestado, pues siendo todo lo que escriben los cultos tales (no los finos), anocheceres y amaneceres, con irse a la ropería de los soles se hallan auroras hechas, que les vienen como nacidas a cualquier mañanita, con sus nácares y ostros, leche y grana, y empañado el día en mantillas de oro; cunas rosadas y llorares de perlas y de aljófar las flores salvas, búcaros las hierbas que bebe el sol, que chupa o que las lame. Anocheceres: lutos de sombras y bayetas de la noche, cadáver de oro y tumbas del ocaso en ataúd de fuego, exequias de la luz y despabilos; capuces turquesados y Argos de oro; mundo viudo, huérfanas estrellas; triforme diosa, carros del silencio, soñolienta deidad émula a Febo.
En la platería de los cultos hay hechos cristales fugitivos para arroyos, y montes de cristal para las espumas, y campos de zafir para los mares, y margen de esmeraldas para los praditos. Para las facciones de las mujeres hay gargantas de plata bruñida, y trenzas de oro para cabellos, y labios de coral y de rubíes para jetas y hocicos, y alientos de ámbar (como pomos) para resuellos, y manos de marfil para garras, pechos de diamantes para pechos, y estrellas coruscantes para ojos, y infinito nácar para mejillas. Aunque los poetas hortelanos todo esto lo hacen verduras, atestando los labios de claveles, las mejillas de rosas y azucenas, el aliento de jazmines. Otros poetas hay Charquías, que todo lo hacen de nieve y de hielo, y están nevando de día y de noche, y escriben una mujer puerto, que no se puede pasar sin trineo y sin gabán y bota: manos, frente, cuello y pecho y brazos, todo es perpetua ventisca y un Moncayo.
Con esto, y con gastar mucho Calepino sin qué ni para qué, serás culto, y lo que escribieres oculto, y lo que hablares lo hablarás a bulto. Y Dios tenga en el cielo el castellano, y le perdone. Y Lope de Vega a los clarísimos nos tenga de su verso,
Mientras por preservar nuestros Pegasos
del mal olor de culta jerigonza
quemamos por pastillas Garcilasos.

Del Libro de todas las cosas y otras muchas más

Francisco de Quevedo, Prosa satírica, Penguin Clásicos

Escritor de profundo aliento senequista, Quevedo es particularmente conocido por sus obras satíricas, que en su época le granjearon la cuota de fama que el respeto de sus textos más serios no le otorgó. Henchidos de un sarcasmo a veces desengañado, como correspondía a su carácter, desfilan por sus textos todas las miserias y necedades de esa parte del género humano que pudo conocer, impregnadas siempre de la agudeza, mordacidad y extraordinaria riqueza lingüística del autor.
Lo demuestra Quevedo: el humor, la sonrisa y hasta la carcajada residen a veces en los matices. Por esta razón, Ignacio Arellano, catedrático de la Universidad de Navarra, ha preparado una edición profusamente anotada, atenta a los detalles que dan la clave para la comprensión de las sátiras. Asimismo, incluye un estudio introductorio y unas actividades finales que complementan la lectura.

martes, 17 de abril de 2018

odiar la aurora suelen

(CCLV)
La noche desear, odiar la aurora
suelen, si son felices, los amantes;
la noche dobla en mí las agobiantes
penas, y es la mañana mejor hora:
que el otro sol y el sol que mi alma adora
abrir suelen entonces dos Levantes
de belleza y de luz tan semejantes
que el cielo de la tierra aún se enamora,
cual le ocurrió con la recién brotada
fronda del árbol que en mi pecho arraiga
y que más que mi vida es por mí amada.
Y es justo que quien trae quietud me atraiga
—que así me tratan noche y alborada
y tema y odie a quien afán me traiga.


Cancionero
Rime in vita e Rime in morte de Madonna Laura
Francesco Petrarca, 1470
Traducción: Ángel Crespo


Flores en Flickr

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