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martes, 1 de mayo de 2018

Con la receta para hacer «Soledades» en un día, y es probada

AGUJA DE NAVEGAR CULTOS
Con la receta para hacer «Soledades» en un día, y es probada. Con la ropería de viejo de anocheceres y amaneceres y la platería de las facciones para remendar romances desarrapados
Receta
Quien quisiere ser culto en solo un día,
la jeri (aprenderá) gonza siguiente:
fulgores, arrogar, joven, presiente,
candor, construye, métrica armonía;
poco, mucho, si no, purpuracía,
neutralidad, conculca, erige, mente,
pulsa, ostenta, librar, adolescente,
señas, traslada, pira, frustra, harpía;
cede, impide, cisuras, petulante,
palestra, liba, meta, argento, alterna,
si bien, disuelve, émulo, canoro.
Use mucho de líquido y de errante,
su poco de noturno y de caverna,
anden listos livor, adunco y poro;
que ya toda Castilla,
con sola esta cartilla,
se abrasa de poetas babilones
escribiendo sonetos confusiones
y en la Mancha, pastores y gañanes,
atestados de ajos las barrigas,
hacen ya cultedades como migas.

Ejemplo hermafrodito romancelatín

Yace cláusula de perlas
si no rima de clavel,
dinasta de la belleza
que ya cataclismo fue,
un tugurio de piropos,
ojeriza de Zalé,
poca porción que secresta
corusca favila al bien,
pórtico donde rubrica
al múrice tirio el ver
tutelar padrón del alma,
aura genitiva en él.

Y después que el aprendiz de culto se ha dado por vencido y dicho que es la piedra filosofal, o el fénix, o la aurora, o el pelícano, o la carantamaula, es un romance a la boca de una mujer en toda cultedad.
Esto es más fácil que pedir prestado, pues siendo todo lo que escriben los cultos tales (no los finos), anocheceres y amaneceres, con irse a la ropería de los soles se hallan auroras hechas, que les vienen como nacidas a cualquier mañanita, con sus nácares y ostros, leche y grana, y empañado el día en mantillas de oro; cunas rosadas y llorares de perlas y de aljófar las flores salvas, búcaros las hierbas que bebe el sol, que chupa o que las lame. Anocheceres: lutos de sombras y bayetas de la noche, cadáver de oro y tumbas del ocaso en ataúd de fuego, exequias de la luz y despabilos; capuces turquesados y Argos de oro; mundo viudo, huérfanas estrellas; triforme diosa, carros del silencio, soñolienta deidad émula a Febo.
En la platería de los cultos hay hechos cristales fugitivos para arroyos, y montes de cristal para las espumas, y campos de zafir para los mares, y margen de esmeraldas para los praditos. Para las facciones de las mujeres hay gargantas de plata bruñida, y trenzas de oro para cabellos, y labios de coral y de rubíes para jetas y hocicos, y alientos de ámbar (como pomos) para resuellos, y manos de marfil para garras, pechos de diamantes para pechos, y estrellas coruscantes para ojos, y infinito nácar para mejillas. Aunque los poetas hortelanos todo esto lo hacen verduras, atestando los labios de claveles, las mejillas de rosas y azucenas, el aliento de jazmines. Otros poetas hay Charquías, que todo lo hacen de nieve y de hielo, y están nevando de día y de noche, y escriben una mujer puerto, que no se puede pasar sin trineo y sin gabán y bota: manos, frente, cuello y pecho y brazos, todo es perpetua ventisca y un Moncayo.
Con esto, y con gastar mucho Calepino sin qué ni para qué, serás culto, y lo que escribieres oculto, y lo que hablares lo hablarás a bulto. Y Dios tenga en el cielo el castellano, y le perdone. Y Lope de Vega a los clarísimos nos tenga de su verso,
Mientras por preservar nuestros Pegasos
del mal olor de culta jerigonza
quemamos por pastillas Garcilasos.

Del Libro de todas las cosas y otras muchas más

Francisco de Quevedo, Prosa satírica, Penguin Clásicos

Escritor de profundo aliento senequista, Quevedo es particularmente conocido por sus obras satíricas, que en su época le granjearon la cuota de fama que el respeto de sus textos más serios no le otorgó. Henchidos de un sarcasmo a veces desengañado, como correspondía a su carácter, desfilan por sus textos todas las miserias y necedades de esa parte del género humano que pudo conocer, impregnadas siempre de la agudeza, mordacidad y extraordinaria riqueza lingüística del autor.
Lo demuestra Quevedo: el humor, la sonrisa y hasta la carcajada residen a veces en los matices. Por esta razón, Ignacio Arellano, catedrático de la Universidad de Navarra, ha preparado una edición profusamente anotada, atenta a los detalles que dan la clave para la comprensión de las sátiras. Asimismo, incluye un estudio introductorio y unas actividades finales que complementan la lectura.

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