—He aquí la faceta deprimente, la que se aprecia en todos los sitios como éste. Casas de huéspedes regidas por gentes venidas a menos… Se localizan fallos enormes… Se trata en general, siempre, de hombres y mujeres que jamás llegaron a ninguna parte, que nunca llegarán a ningún sitio… Son gentes quebrantadas, derrotadas por la vida, gentes ya viejas, cansadas… liquidadas.
Su voz fue perdiendo intensidad progresivamente. Sentí una tristeza inmensa. ¡Cuánta razón tenía! En aquella casa nos habíamos congregado unas cuantas personas situadas en el crepúsculo de la existencia. Cabezas grises, corazones grises, grisáceos sueños… Yo me sentía melancólico y solitario; a mi lado tenía una mujer amargada, saturada de desilusiones. Pensé en el doctor Franklin con sus ambiciones, para las cuales era un serio obstáculo su mujer, una inválida… Me acordé del simple Norton, en todo momento pendiente de los pájaros… Hasta Poirot, el en otro tiempo brillante Poirot, era un anciano recluido en un sillón de ruedas.
¡Qué diferente todo de lo que viviéramos antaño, cuando yo visitara por vez primera Styles! Esta reflexión me afectó mucho. A mis labios afloró una exclamación medio ahogada que traducía mi dolor y mi pesar.
Mi acompañante inquirió, rápidamente:
—¿Qué le ocurre?
—Nada. Me he sentido impresionado por el contraste… Yo estuve aquí, ¿sabe?, hace muchos años, siendo todavía un joven. Pensaba en lo que separaba esto que veo ahora a mi alrededor de lo que contemplé antes.
—Ya. ¿Era esto un hogar feliz entonces? ¿Eran felices todos los que aquí vivían?
Es curioso. A veces, los pensamientos de uno danzan en una especie de caleidoscopio. Es lo que me pasó en aquellos instantes. De repente, barajé caprichosamente numerosos recuerdos. Finalmente, las piezas de aquel mosaico se ordenaron correctamente, como debía ser.
Agatha Christie. "Telón". Hércules Poirot.
Su voz fue perdiendo intensidad progresivamente. Sentí una tristeza inmensa. ¡Cuánta razón tenía! En aquella casa nos habíamos congregado unas cuantas personas situadas en el crepúsculo de la existencia. Cabezas grises, corazones grises, grisáceos sueños… Yo me sentía melancólico y solitario; a mi lado tenía una mujer amargada, saturada de desilusiones. Pensé en el doctor Franklin con sus ambiciones, para las cuales era un serio obstáculo su mujer, una inválida… Me acordé del simple Norton, en todo momento pendiente de los pájaros… Hasta Poirot, el en otro tiempo brillante Poirot, era un anciano recluido en un sillón de ruedas.
¡Qué diferente todo de lo que viviéramos antaño, cuando yo visitara por vez primera Styles! Esta reflexión me afectó mucho. A mis labios afloró una exclamación medio ahogada que traducía mi dolor y mi pesar.
Mi acompañante inquirió, rápidamente:
—¿Qué le ocurre?
—Nada. Me he sentido impresionado por el contraste… Yo estuve aquí, ¿sabe?, hace muchos años, siendo todavía un joven. Pensaba en lo que separaba esto que veo ahora a mi alrededor de lo que contemplé antes.
—Ya. ¿Era esto un hogar feliz entonces? ¿Eran felices todos los que aquí vivían?
Es curioso. A veces, los pensamientos de uno danzan en una especie de caleidoscopio. Es lo que me pasó en aquellos instantes. De repente, barajé caprichosamente numerosos recuerdos. Finalmente, las piezas de aquel mosaico se ordenaron correctamente, como debía ser.
Agatha Christie. "Telón". Hércules Poirot.
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