Aquí estoy con mi
pobre cuerpo frente al crepúsculo
que entinta de
oros rojos el cielo de la tarde:
mientras entre la
niebla los árboles obscuros
se libertan y
salen a danzar por las calles.
Yo no sé por qué
estoy aquí, ni cuando vine
ni por qué la luz
roja del Sol lo llena todo:
me basta con
sentir frente a mi cuerpo triste
la inmensidad de
un cielo de luz teñido de oro,
la inmensa rojedad
de un sol que ya no existe,
el inmenso cadáver
de una tierra ya muerta,
y frente a las
astrales luminarias que tiñen el cielo,
la inmensidad de
mi alma bajo la tarde inmensa.
Crepusculario de Pablo Neruda
No hay comentarios:
Publicar un comentario